martes, 31 de marzo de 2009

EL SUPERHÉROE SUMA Y SIGUE

EN LA FOTO ESAS SOLEDADES BLANCAS IOWINAS

A sus 58 años en una mañana soleada de domingo, con el pueblo cubierto de una capa de nieve blanca, como suele ser la nieve, Patricio, el hombre con la misma cara de Steve Buscemi pero un cuerpo que podría haber aparecido en la película 300, contraía matrimonio con Mrs. Eunice Attery y sus dos apéndices. Pasaron una corta luna de miel visitando el Gran Cañón, se alojaron en un coquetón hotel de Flagstaff y visitaron también Las Vegas donde Patricio hizo que Eunice ganara doscientos mil dólares en la ruleta, dinero que luego donaron a una asociación por la defensa de los mapaches huérfanos siguiendo los píos impulsos de Eunice, que era una americana de pura cepa, de esas que uno sólo puede encontrar en “the land of the free and the home of the braves”.
Poco a poco, sin apenas darse cuenta, Patricio se convirtió en un honesto y fiel marido, se enamoró de su siempre sonriente esposa y a los 60 años fue padre por primera vez de un pequeño diablillo rubio. Una tarde, mientras cortaba el césped de su jardín sin dejar de saludar a los coches que pasaban por allí, con una sonrisa que podríamos catalogar de típicamente americana, Patricio entendió el significado de las palabras plenitud, felicidad y electromagnetismo. Una lágrima recorrió sus mejillas al observar a Eunice, encinta por segunda vez, recogiendo blackberries, raspberries y otras diferentes clases de berries en el bosquecillo adyacente a la casa. -Te quiero tanto!!!- dijo para si. Aquella tarde, también por primera vez, se arrodilló en soledad y dio gracias a Diós, aprovechando que al haberse hecho luterano tenía línea directa. Por la noche volvió a sentir las lágrimas aflorando a sus ojos al contemplar a Eunice tejiendo un jerseicito monísimo para su nuevo retoño. Posiblemente algunos, europeos, mayormente, pudieran pensar que Patricio se había convertido en un pobre hombre domesticado y encima orgulloso de las cadenas, pero no era nada de eso, era amor, amor y felicidad en su estado más primigenio. Para sentir esa clase de sentimiento hay que pagar el precio de ser un hortera empedernido, toda rosa tiene sus espinas, claro está.
Pero la felicidad, como la libertad, es un estado siempre amenazado, ya lo dijo Kafka y un señor que vivió en Aranda de Duero pero del que la historia no ha guardado recuerdo. Una mañana de verano, de esos veranos calurosos y húmedos de Iowa, Patricio disfrutaba de su té helado meciéndose en el porche de su casa, protegido por el follaje de un olmo centenario y por una gorra con el emblema de John Deere, cuando escuchó por la radio una noticia que hizo que a pesar de los 35 grados celsius notara un frío mortal.
CONTINUARÁ LA PRÓXIMA SEMANA

martes, 24 de marzo de 2009

EL SUPERHÉROE CONTINUA

FOTO DE MRS. ATTERY, observese el tatuaje con las iniciales de Patricio Somosierra. Vale la pena hacerse luterano por perderse en esas ondulaciones sin aristas

Siguiendo sus instintos de conservación más atávicos volvió a realizar un cambio radical en su existencia, vendió parte de sus posesiones para conseguir el máximo de efectivo, se hizo una operación maxilofacial que le confería una fisonomía similar a la de Steve Buscemi, ciertamente no un aspecto tremendamente atractivo, pero hacía tiempo había descubierto que con una buena provisión de fondos tampoco importaba mucho. Se trasladó a vivir a un pequeño pueblo del estado americano de Iowa, un lugar plano lleno de maíz y de ciervos, animales que dedicaban su tiempo de ocio a cruzarse en medio de la carretera provocando decenas de accidentes aún a riesgo de perder su propia vida. El pueblo se reducía a una plaza con su Court House, el supermercado Dollar General, todo en general a un dólar, el banco, la farmacia, un dealer o contrabandista de vehículos y una serie de casas multimorfológicas extendidas a un lado y a otro de la Highway 69. Allí consiguió un empleo como profesor de español en una High School, una tapadera como otra cualquiera.
Hay que decir que el ahora llamado Patricio Somosierra fue feliz allí, a pesar de tener que trabajar cada día de 7:30 a 3:30 y haber perdido la costumbre, después de los últimos años de vivir de manera hedonista. Sus viajes de fin de semana y vacaciones a Nueva York, Boston, New Hampshire y Wichita donde se alojaba en los mejores hoteles acompañado por deslumbrantes profesionales del amor, le ayudaban sobremanera a soportar el trabajo diario. Allí conoció, además del Dollar General, los Wal-Mart con sus graciosos ancianitos en las puertas cuya única mision parecía ser saludar a los clientes con el célebre – How are you today?-, las gasolineras de la cadena Casey's donde se podían conseguir unas deliciosas bolitas de pollo rebozado y hondonadas de café y, por supuesto, los multicines donde disfrutar de la película atiborrándose de un cubo de palomitas, con rellenado gratis, rociadas, bañadas o sumergidas en grasa servida en grifo.
Sus días transcurrían inmersos en una especie de calma chicha, de tranquilidad moteada de campeonatos de fútbol, baloncesto y softball. Todo cambió, sin embargo, cuando conoció a Mrs. Attery. Al principio ella era simplemente la profesora de la clase de la lado, una rubita atractiva que normalmente vivía detrás de unos pechos descomunales. En su tercer año en el pequeño pueblo del medio oeste empezó a pasar tiempo con ella después de las clases. Ella solía quedarse hasta las 5 pm preparando cosas para el día siguiente y Patricio se acostumbró a sentarse un rato con ella antes de marcharse, las conversaciones se hicieron más largas e íntimas, una cosa llevó a la otra y una tarde de invierno a 18 grados bajo cero en el exterior, cenando en una steak house del pueblo, le pidió matrimonio porque ella era una ferviente luterana y Patricio no veía posibilidades de un conocimiento bíblico sin pasar por el altar, pero qué importaba si en cualquier momento él podía desaparecer y iniciar otra vida en Anchorage.
(*) Hay que remarcar la amistad surgida entre Carmelo Pomadas y Patricio Somosierra (antes Remigio Cofrade) y que no aparece en las crónicas lo cual no quiere decir que no existiera. De hecho parte de las investiaciones ornitológicas de Carmelo fueron financiadas en su día por Remigio. (nota del autor)
Continuará

lunes, 23 de marzo de 2009

Carmelo Pomadas

Carmelo Pomadas acostumbraba a tomarse una cerveza bien fría después de su jornada laboral. Lo hacía sentado en su mecedora bajo su porche, con los pies apoyados en la barandilla de madera, con la mirada fja en los cerros que cada día pateaba. Le gustaba balancearse y oir el crujir del suelo reseco. A veces pensaba que no estaría mal darle una mano de aceite y se imaginaba lo agradecida que estaría la madera (es un decir) y seguidamente pensaba: -que le den pol culo! y seguía saboreando su cerveza, con la vista perdida en la lejanía.

Carmelo Pomadas era ornitólogo. Los últimos ocho años los había dedicado con un afán casi enfermizo a investigar la reproducción del pájaro cuco retestinado. Cada mañana salía de casa pertrechado de cuaderno de campo, lápiz(HB), goma de borrar, una maquineta con visor de diapositivas, binoculares, cantimplora y su comida preferida: tortilla de higos chumbos con gengibre. Del cuco retestinado sólo era capaz de oir su peculiar canto, algo así como fiiiiiiitirrrruuuuuuufiú (más o menos). Ni una pluma, ni una cagada seca, ni rastro vamos.

Sus allegados se preguntaban si no se estaba volviendo majara, si alguien le preguntaba por su búsqueda del plumífero, Carmelo Pomadas miraba fijamente a la persona y respondía: -fiiiiiiitirrrruuuuuuufiú. Respondía sin hacer el más mínimo gesto, con los brazos totalmente caídos y la espalda ligeramente encorvada, sin mover apenas los labios. Después se rascaba el cogote y se iba.

Una tarde, como tantas otras, volvió a casa. Dejó su mochila, cogió una cerveza y al salir al porche se quedó petrificado. La mecedora se movía, se escuchaba un leve canturreo, sí, fiiiiiiitirrruuuuuuufiú. Carmelo Pomadas no lo podía creer! El cuco retestinado!!!! pensó. Se acercó sigilosamente, como Kwai Chan Caine andando sobre el papel de arroz. Y de un salto felino se colocó delante de la mecedora. Y en ella meciéndose tranquilamente y degustando un cerveza fría estaba el perrohhhhlobohhhh!!!!.

De la bicicleta y el pájaro cuco retestinado ni una cagada seca, ni una pluma, ni un pedal. Pedal el que pillaron Pomadas y el hhlobohhhh.

viernes, 20 de marzo de 2009

una botella de lo cualo?


Estando en una playa de Cape Cod, Massachusetts, me encontré a estos dos personajes discutiendo acaloradamente sobre si era una botella de ron, 15 hombres, un loro u otra cosa. Al final no llegaron a ninguna conclusión y se engancharon a hostias. Después de zurrarse de lo lindo acabaron en una venta bebiendo vino y más vino, y a un hermano del camino les cantaron estas letras: "Mi novia se llama Estrella", "mi novia es la botella" le corrigió el oficial de la marina inglesa...."¿sabré yo como se llama mi novia?"....Y vuelta a empezar, y es que el que hace mala bebida.

no me creo nada de ese héroe de pega


AQUÍ EL ÚNICO SUPERHÉROE SOY YO, COHONEH!!!!!!

miércoles, 18 de marzo de 2009

el superhéroe continuación

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(nuestro héroe estaba en el jacuzzi y tiene una aparición sorprendente. En la foto vemos el jacuzzi con unas amigas de Remigio esperándole.....pero la aparición no tiene nada que ver con ellas)



Confuso y aturullado Remigio Cofrade miró a un lado y a otro buscando el origen de esa extraña sombra en la pared, primero pensó que el reflejo del agua en los azulejos le confundía, pero enseguida se percató de que aquella sombra era proyectada por alguien o algo totalmente real. Efectivamente un hombre gordo apoyado en un carro de la limpieza con sus escobas y otros aparejos colocados como un pequeño arsenal, le miraba desde el otro lado del enorme jacuzzi de veinte metros de largo por cinco de ancho.


Sin atreverse a articular palabra se quedó mirando sumido en una especie de trance hipnótico al orondo señor que, con un palillo entre los dientes, le miraba a su vez fijamente con sorna. Remigio recordaba perfectamente a todos sus empleados de servicio y éste no era uno de ellos. Al cabo de lo que le parecieron unas dos horas Remigio acertó a balbucear “Qué hace usted aquí, amigo?”. El hombretón de cara sudorosa, por el vapor que desprendía el jacuzzi seguramente, siguió sonriendo y Remigio, atemorizado, intentó usar sus superpoderes para ir a buscar un objeto contundente por la casa, una lanza watusi por ejemplo, o para sencillamente escapar de aquella presencia desconcertante, sin embargo no pudo, se movió torpemente sintiendo la resistencia del agua en sus miembros y cayó de bruces tragando cantidades ingentes de un líquido indefinido con intenso sabor a cloro.


- No te molestes Remigio, esos trucos no te van a servir ahora


Por primera vez, después de tanto tiempo de sentirse omnipotente, Remigio volvió a ser el hombrecillo que había sido siempre, el que nunca tuvo una novia rubia, el que nunca fue el alma de la fiesta, el ser que pasara desapercibido durante años destinado a abandonar el mundo sin pena ni gloria. Tenía la boca seca a pesar de estar prácticamente sumergido en agua calentita.


-¿te habías pensado que todo iba a salirte de gratis?, no hijo mio, esto es parte del plan amigo, no hay nada al azar aunque hasta a mi a veces me lo parezca.
-¿quién es usted?, ¿es que estoy muerto hace tiempo y no lo sabía? ¿existen realmente las gangas? - no sabía el por qué de esta última pregunta absurda-


El orondo señor que según la luz que le daba se parecía un poco a Dani de Vito rió entre dientes, divertido ante la estupefacción de Remigio. Luego, dejando atrás el carrito de la limpieza se metió en el jacuzzi.


-No voy a andarme con rodeos, se te ha concedido un don y lo has utilizado a tu antojo para tu beneficio, yo hubiera hecho lo mismo por supuesto, pero ahora viene la parte en que tienes que tomar otro tipo de decisiones, dentro de muy poco se va a producir un hecho que....digamos...puede cambiar el destino de la humanidad. De tu actuación va a depender de hecho el futuro de ella, del uso que le des a tu poder. Si lo usas de una manera digamos que...digamos que será el final para ti y si lo usas de otra....será el final de la humanidad.
Remigio intentó digerir lo que estaba escuchando pero no acababa de comprender bien. Sin embargo tras unos momentos de reflexión, ayudado por las decenas de películas de ciencia ficción que se había tragado, empezó a situarse en el plano adecuado sin sufrir una apoplejía.
- ¿Qué gano yo si actúo....digamos bien?
- ¿Y qué es bien amigo mio? ¿En favor tuyo, en favor del resto de la humanidad?
- Pues...en favor de la humanidad se supone que es lo que está bien...¿no?
- Es un punto de vista. No ganas nada, de hecho pierdes
- Y.....¿no hay premio?
- Es que sois.....claro, tanta historia sagrada.....no hay nada más para vosotros, quiero decir los humanos, éste es el premio, joder, vivir ¿te parece poco desagradecido?


Remigio se cubrió la cara con las manos totalmente desbordado por la situación, eso no podía estar sucediendo, claro que, pensándolo bien, el se había convertido en una especie de superhéroe de la noche a la mañana y lo había asumido tan ricamente, Cuando levantó la vista el hombre gordo ya no estaba, tampoco el carrito de la limpieza, en su lugar la señora Shondelia se ocupaba de la limpieza del recinto como siempre.
- Señora Shondelia, ¿ha visto salir a un señor gordo con un carrito de limpieza?
- No señor ¿está usted bien?
- No mucho, creo que....un poco de dolor de cabeza


Aquella aparición le había llenado de congoja. Tenía 55 años y todavía tiempo por delante, un futuro esperanzador que podía llenar de lo que quisiera. El vacío existencial que había sufrido durante la última temporada no era nada comparado con esto. Sentía una espada de Damocles sobre su cabeza, le estaban diciendo que todo iba a acabar, o al menos que había una posibilidad de que todo acabase para él. Ahora ya no le importaba el hambre en el mundo, el calentamiento global, los simbolistas franceses o la cacareada impotencia de Enrique IV. Lo único que pedía era seguir disfrutando de su situación sin el acecho de una gran decisión que pudiera hacerle perder sus poderes o quizás su propia vida.


CONTINUARÁ, LA RESOLUCIÓN EN LOS PRÓXIMOS DÍAS, UN CAPÍTULO POR SEMANA, SE LOS JURO


sábado, 7 de marzo de 2009

MIENTRAS TANTO

Mientras esperamos la próxima entrega de 'El superhéroe', esperemos que no sea la última, nos tomamos unas birras y seguimos escuchando a los colegas finlandeses.



Aprovecho para decir que este blog se traduce y destraduce automáticamente al chino mandarin cada tres más dos, o sea...