jueves, 15 de mayo de 2008

EL HACEDOR DE COFRADES ( I )

Jens, se llamaba Jens. Era el hacedor de cófrades. Tenía ochenta y tantos años, una vida a las espaldas, un caballo, una casa ruinosa y un establo que competía con la casa. No sabemos si en cuanto a permanecer en pie o a caerse.

A fecha de hoy la casa y el establo siguen en pie. El establo aguanta estoicamente los crudos inviernos boreales y las críticas de los vecinos. Algo así como: -Vaya mierda! esto se cae cualquier día y mata a un perro! o también el de algún otro que mirando el deplorable estado del edificio dice: -Mañana llueve, fijo.

La casa no tiene que oir estos bochornosos comentarios. Supondremos que por haber sido el hogar de nuestro amigo. La casa despierta en aquellos que la ven una sensación díficil de explicar. Valga el ejemplo del último dominguero que al llegar enfrente de la casa y gritando: ssssí' hoooommbre sííííííííííiíí, cayó postrado de rodillas. Los pantalones apenas le protegieron de las magulladuras hechas por la gravilla, es más acabaron en casa de la costurera. No para ser remendados sino al lado de la cama.



Tenemos también el caso de otro paseante que al ver la casa se quedó igual, como si no la hubiera visto vamos. Y el de la señora Frue que supo del efecto urticante de las ortigas en su ojete después de defecar en un embarcadero situado a dos kilómetros de la casa del entrañable hacedor de cófrades. El hecho es que la señora Frue a falta de papel usó un buen manojo de estas plantas a modo de secante. El deshaogo quedó en el embarcadero. Y allí sigue, en proceso de petrificacíon, como prueba de que se puede comer gloria pero se caga mierda.

Fin de la primera entrega.

jueves, 1 de mayo de 2008

LOS COFRADES


VIRTUAL

Como cada día, a las nueve y veintitrés minutos, se sentaba cada uno delante de su ordenador. El en su pequeño despacho, ella en el salón con su portátil. Abrían el messenger y charlaban un rato. Se contaban lo que habían hecho durante el día, cómo había ido el trabajo, lo mucho que se echaban de menos, lo que harían mañana, que planes tenían para el verano. Hablaban de la relación con sus parejas. A veces incluso se atrevían a decirse algún piropo.

Como cada día a las once y siete minutos se despedían hasta el día siguiente, deseándose buenas noches, felices sueños y un buen día siguiente. Cerraban sus ordenadores y se dirigían al cuarto de baño para asearse y ponerse el pijama. Allí delante del espejo, sin ni siquiera cruzar una mirada a través de él, cepillándose los dientes evitaban el más mínimo roce y apenas si se decían '¿hola cómo te ha ido hoy?'. Después se metían en la cama dándose la espalda y unas desganadas buenas noches.

Se dormían pensando en la cita del día siguiente. En la que podrían hablar libremente de sus inquietudes con sus amigos virtuales. Pues ya hemos visto que sus parejas físicas sólo les daban la espalda.