Hola a tod@s. Ha sido una larga ausencia. Os eché de menos. Evité llorar y que me moqueara la nariz. Y muchas más cosas.
La verdad es que sin comerlo ni cagarlo me vi envuelto en una historia que podríamos calificar de historia, pues ya pasó.
Una noche de enero me despierto, nervioso, y me cuento las ladillas. Cero ladillas. Entro en pánico. Me calzo y me voy en bicicleta a comprar 3/4 de pienso para gallinas ponedoras. Me hago 80 kilómetros y me doy cuenta que además de olvidarme la cartera no tengo gallinas ponedoras, estoy en gayumbos y se me han enredado los cordones de las botas en la cadena de la bici. Me apeo del velocípedo conservando la calma y el pundonor. Después de siete horas y tres minutos logro liberar los cordones de la cadena. Sonrio orgulloso pensando en tirar la puta bici a la cuneta y seguir a pie. En esto que se acerca un coche, se para, se baja la ventanilla y una tía con gafas de sol, muy guapa ella la verdad, me dice: -sube. Me digo ¿y porqué no? Me subo. Y continuo pedaleando.
Siempre encuentras alguien que te da ánimos. Aunque no entiendo porqué le cambió la expresión cuando amablemente le dije adeu y salí disparado, chirriando ruedas.
Estando ya cerca de donde estaba leo en un letrero: "AQUI". Supe entonces que había llegado. Eso fue entonces. Hoy dudo si llegué a "aquí" o "allí". Qué mas da.
Estando allí, o sea aquí, me inscribí en un curso de zarzuela. Conocí a cien tíficos en dicho curso que me ofrecieron trabajar con ellos y acepté. Todos sabeis lo que esto supone. Si difícil es tratar con un tífico imaginaos con cien. El trabajo fue grato, ameno y a mano. Un estudio sobre las lavativas nucleares con visión nocturna. La comida no era mala, flatulenta si acaso. Conseguí nuevos cordones 'antiengancheenlacadenadelaputabici', un sobre de sopa en sobre y una bolsa de plástico.
Ahora estoy en casa sentado frente a la chimenea y la bici a mis pies. Adjunto foto de aquellos días de investigación y pedorretas.
Un abrazo.
