jueves, 1 de mayo de 2008

VIRTUAL

Como cada día, a las nueve y veintitrés minutos, se sentaba cada uno delante de su ordenador. El en su pequeño despacho, ella en el salón con su portátil. Abrían el messenger y charlaban un rato. Se contaban lo que habían hecho durante el día, cómo había ido el trabajo, lo mucho que se echaban de menos, lo que harían mañana, que planes tenían para el verano. Hablaban de la relación con sus parejas. A veces incluso se atrevían a decirse algún piropo.

Como cada día a las once y siete minutos se despedían hasta el día siguiente, deseándose buenas noches, felices sueños y un buen día siguiente. Cerraban sus ordenadores y se dirigían al cuarto de baño para asearse y ponerse el pijama. Allí delante del espejo, sin ni siquiera cruzar una mirada a través de él, cepillándose los dientes evitaban el más mínimo roce y apenas si se decían '¿hola cómo te ha ido hoy?'. Después se metían en la cama dándose la espalda y unas desganadas buenas noches.

Se dormían pensando en la cita del día siguiente. En la que podrían hablar libremente de sus inquietudes con sus amigos virtuales. Pues ya hemos visto que sus parejas físicas sólo les daban la espalda.

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