
Hola amigos, esta es una de las famosas fotos de Charles Ebbets hechas por los años 20 y 30. Pretendía mostrar las duras condiciones de trabajo y la falta de seguridad cuando se construyeron los rascacielos de la mítica ciudad de Nueva York. Algunas de las fotos tuvieron que ser retocadas como ésta, de la cual muestro el original guardado en un lugar recóndito que no puedo desvelar puesto que entonces tendría que mataros.
El caso es que en la citada foto podemos ver claramente a Fabricio Albadrigas, desaparecido de su domicilio en Utrera el doce de agosto de 1920. Fabricio se marchó de casa diciendo "me están entrando unos picores por todo el cuerpo..." y ya no se le volvió a ver.
Se comenta que encontró trabajo como albañil en una de las múltiples obras en la ciudad de Nueva York y que posteriormente también desempeñó otros empleos como perro pastor ovejero (del cual fue despedido por controvertidos hechos relacionados con la desparición de algunos corderos) ginecólogo y aparcador de coches. Su pista se pierde en el estado de Washington donde se conoce que contrajo matrimonio, se desconoce la filiación de su esposa y si tuvo o no descendencia.
Los descendientes de Fabricio Albadrigas me mostraron su gratitud ante tal hallazgo convidándome a unas hogazas de pan cosa que agradezco en grado sumo.
2 comentarios:
Es lo que pasa por hacer el 69 (que es el piso que estaban haciendo cuando se tomó la fotografía) que te entran unos picores por todo el cuerpo que quieres desaparecer, sobre todo con tanto pelo. Una imagen increíble, una historia magnífica. Disfrute su pan... a ser posible con algo de vino.
H.
Coincidiendo con el 'boom' de los rascacielos hubo un aumento de casos clínicos inexplicables, hasta ahora claro.
Un alto porcentaje de currantes acudía a urgencias. Todos presentaban extrañas erosiones en las 'canillas'. Incluso algunos habían perdido piel y carne y mostraban el hueso de la tibia (a quien lo quería ver por supuesto).
Se sospecha que el tal Albadrigas narcotizaba, con un producto secreto, a sus compañeros de trabajo o colegas. Después de éstos caer en profundo sueño, dedicábase Fabricio a roerles las susodichas partes. Se supone que a veces con fruición temeraria, puesto que se olvidaba ponerse los guantes de trabajo.
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