
Nuestro personaje nadaba en dinero, gozaba de los favores de las mujeres más hermosas y era recibido en las más altas esferas, entre sus amigos se encontraban desde la familia real hasta Pedro Almorránar, el conocido cineasta daltónico. Una alfombra roja de éxito se extendía frente a sí, hasta que una tarde mientras conducía su BMW por una carretera comarcal castellana, de vuelta de una de sus visitas a un burdel de lujo escondido en tierras leonesas del que era copropietario, contempló una luz en el horizonte, al principio pensó que se trataba simplemente del ocaso pero enseguida se dio cuenta que aquel resplandor no era para nada normal, de entrada a pesar del inusitado fulgor aquella luz no cegaba en absoluto. Bernardo detuvo el motor del coche y estacionó en la cuneta, en la radio se escuchaba la música de uno de sus cantantes favoritos, Elton John, que como todo el mundo sabe es uno de los más deplorables artistas de nuestra época, sólo superado por Stevie Wonder que con la canción “I just call to say I love you” había batido todos los récords de horterismo baboso. Pero qué podíamos esperar de un hombre que llevaba un rólex de oro, una estilográfica Montblanc y un escudo del Real Madrid en la trasera de su coche.
Volviendo a la luz no cegadora, el caso es que avanzaba hacia él a pasos agigantados y pronto todo él, su coche, y el escudo del Real Madrid, se encontraron justo debajo de un foco de unos 100 metros de diámetro más o menos. Por primera vez en su vida Bernardo no sabía qué hacer pero guiado por la prudencia se introdujo de nuevo en su auto e intentó arrancar, lo intentó pero no pudo, no había contacto y sin embargo se estaba moviendo hacia arriba. Sí, el coche y todo su contenido se elevaba lenta pero continuamente hacia arriba puesto que eso significa elevarse, si hubiésemos dicho descendía estaríamos hablando sin duda de otro supuesto.
Los lectores más avezados en la literatura de ficción supondrán que Bernardo estaba siendo abducido por una nave extraterrestre y desde luego no andarían desencaminados porque eso precisamente es lo que estaba pasando. En pocos minutos el coche se vio rodeado por unos seres pequeños y delgados con la cabeza muy grande, de ojos enormes en una estancia de paredes metálicas y con lucecitas multicolores. Las lucecitas no tenía ninguna utilidad y simplemente es que a los extraterrestres les gustan muchísimo las luces de colores, por eso suelen aparecer en Navidad aunque pasan desapercibidos ante la cantidad de Reyes Magos y Papás Noels que abundan en nuestro planeta por esas fechas.
Los extraterrestres de apariencia tan tópica condujeron amablemente a Bernardo a una sala llena de artilugios incomprensibles para el cerebro humano, uno de ellos se parecía enormemente a una cafetera eléctrica de dimensiones descomunales, luego Bernardo sabría que se trataba del transmutador orgánico que no era otra cosa que un lavabo donde uno podía defecar y los excrementos eran vertidos luego en un recipiente convertidos de nuevo en alimento, que de eso se trata el reciclar, en reusar excrementos y otras porquerías tal y como se hace en las granjas de pollos. Se daba la paradoja que a veces coincidía un extraterrestre haciendo sus aguas mayores y menores, que a decir verdad no diferían de las excreciones humanas salvo en el color que era curiosamente rojo y gualda con un pequeño escudo, con otro de ellos que a su vez se nutría de la materia excretada poniendo la boca directamente sobre un tubo por el que la materia rojigualda salía convertida en una especie de pasta de color rosa con lunares azules.....LA PRÓXIMA LA ÚLTIMA
1 comentario:
¿Caparán los extraterrestres a Bernardo? ¿dejará preñada a media galaxia el malvado? ¿le saldrán las muelas del juicio tres veces? ¿echará azúcar en el depósito de combustible de la nave alienígena?...
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