Faltaban 10 minutos para el impacto y un viento que arreciaba por segundos agitaba las hojas de los frondosos robles de la calle Main. Cogió una hoja de papel y un lápiz y escribió con dedos temblorosos: A man has to do what he has to do (un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer, en cristiano).
Sin más dilación reuniendo todas sus energías pasadas, presentes y futuras, sabiendo que no habría más té helado y que nunca más hundiría su nariz en los portentosos atributos femeninos de Eunice, se lanzó al espacio sin dejar ninguna reserva, agotándolo todo, quemando todas las naves. El cielo se convirtió en una nada intensamente negra, sus pulmones se habían llenado del poco aire que iba a necesitar y así, conteniendo las respiración y siguiendo los consejos de Van Hell Sick que detallaban exactamente la trayectoria a seguir, se fue acercando vertiginosamente a aquella masa heterogénea de rocas y materiales cósmicos. Necesitó un doble impacto cruzado, una maniobra complicada sin posibilidad de corrección, pero ya siendo sólo un amasijo de huesos y músculos sin piel, en el último suspiro de existencia, sintió que con su último aliento lo había conseguido, a su alrededor millones de piedras se proyectaban en múltiples direcciones llenándolo todo pero ya sin representar una amenaza para el tranquilo planeta azulado que seguía avanzando a más de 100.000 kilómetros por hora.
Allá abajo, en los estados del medio oeste americano los gritos de júbilo se mezclaban con los gritos de protesta de Many Meier, el hombre que se atreviera a fumar en la iglesia presbiteriana del pueblo y que ahora, a salvo del juicio final por el momento, no paraba de decir ¡I was kidding, I was kidding!, - algo así como ¡era broma!. Además de la alegría incontrolable y las plegarías de agradecimiento, se produjo la desgracia del suicidio del pastor O'bones, incapaz de soportar la vergüenza tras haber sido visto sin pantalones persiguiendo como un fauno a las feligresas que se habían refugiado en la iglesia episcopaliana para una última oración.
Eunice Attery, abrazada a Dylan, no podía controlar las lágrimas mientras leía una y otra vez la escueta nota de Patricio que curiosamente firmaba como Remigio, tal vez los nervios. A man has to do what he has to do. Miró al cielo y, sin saber cómo, vivió una de esas certezas que algunas personas, las menos, experimentan incluso sin necesitar el uso de drogas o estupefacientes. Patricio los había salvado, había dado su vida por ellos, de alguna manera que ella no alcanzaba a comprender la desaparición de su hombre tenía que ver con la sorprendente desintegración del meteorito en la atmósfera terrestre. Sus hijos nunca olvidarían a su padre, ella se ocuparía de levantar un altar en su memoria, plantaría pensamientos y narcisos, también un rosal, podría poner una de esas lápidas de mármol, tendría que decidir si de color claro u oscuro, teniendo en cuenta el clima de Iowa el oscuro era demasiado serio...bueno, ya lo pensaría después de llamar a su madre.
A miles de kilómetros de allí, kilómetros espirituales en realidad, un ser gordito con la apariencia de un vendedor de helados familia de un actor que por su nombre podría ser italo-americano, discutía con otro hombre de color, de color marrón, con un parecido asombroso a Morgan Freeman.
Morgan: Te lo dije, éstos humanos no cambiarán nunca, son capaces de éstas acciones absurdamente solidarias.
De Vito: La verdad es que no me lo esperaba pero teniendo en cuenta lo mucho que le gustaban las bailarinas balinesas....
Morgan: La próxima vez probaremos con alguien más joven, tal vez la edad le pesó
De Vito: La verdad, no lo sé, yo esperaba más de él, se le veía tan prometedor.
Morgan: Muy bueno el artículo de Van Hell Sick
De Vito: Eres un cabrón, sin esa pista igual no se hubiera atrevido
Morgan: Bueno, esas son las reglas, tenia que tener toda la información, pero no escarmientan, te lo digo, son incapaces de apreciar el regalo individual y se empeñan en creer que tienen ciertas obligaciones con el resto de la humanidad, con gente que igual le hubiera podido pegar un tiro cualquier día.
De Vito: Bueno, podríamos probar con alguien contrastado, tipo Bush, Aznar, alguien así...
Morgan: No hombre, si lo destruyen todo enseguida nos quedamos sin juego y me da pereza volver a montar este circo.
De Vito: Eso es verdad, bueno, me voy a mirar unos tornados para Oklahoma y unas riadas para el Levante español...mañana te pago
Morgan: quien dice mañana....
De Vito: Tranquilo hombre...¿cuándo te he fallado?
Morgan: Eso es verdad. Te quiero Lou
De Vito: Yo también Vega
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario